Fundador de AMICO, Amistad Misionera en Cristo Obrero, el 8 de septiembre de 1971.
Datos facilitados por el P. José Luis Gómez Muntán, S.J., Secretario del Provincial de Toledo de la Compañía de Jesús en España.
Nuestro padre fundador, Pedro Martínez Cano, nació en Rincón de Beniscornia, Murcia (España). Sus padres fueron Joaquín Martínez y Josefa Cano. En su niñez tuvo contacto con los Padres Franciscanos y con los Jesuitas de San Jerónimo, convento muy cercano a su casa.
Ingresó en la Compañía de Jesús en el año 1929. Viajó y trabajó apostólicamente en varios países de América Latina, donde percibió las grandes necesidades espirituales y humanas que más tarde habían de impulsarle a una opción por los más pobres y marginados.
En 1971 fundó la Congregación Religiosa femenina “Amistad Misionera en Cristo Obrero” (AMICO), que nace de la necesidad de vivir más evangélica y radicalmente la Vida Religiosa en virginidad, pobreza y obediencia, así como llevar el Evangelio de Cristo a los sectores sociales y económicos más débiles.
Murió en Guatemala el 7 de diciembre de 1981. Los padres jesuitas de Guatemala lo consideran mártir, no sólo por su muerte violenta, sino por la entrega infatigable, ardiente y ejemplar día a día entre los más pobres y marginados.
Como buen jesuita, apóstol celoso del Evangelio, nuestro Padre tenía a Cristo en el centro de su existencia. “Nuestra espiritualidad será ante todo cristocéntrica…” (Esp. Hoy, pág. 33)
“Creo sinceramente que un cristiano no llega a la madurez hasta que no ha aprendido a mirar, a contemplar la cruz, mejor, al Crucificado…”
“Quien no ha sentido el escalofrío de lo heroico no pertenece a la raza humana…” El heroísmo es el clima que se respira en el Evangelio.
“Yo hago siempre lo que a Él le agrada” (Jn. 8,29). El Supremo Agrado de Cristo, o “magis” ignaciano, estuvo siempre muy vivo en el corazón del Padre.
El Padre tenía un gran celo apostólico y misionero. Pasó largas temporadas con las primeras hermanas, no sólo instruyéndolas, sino metido de lleno con aquellas pobrísimas gentes que le quisieron y valoraron mucho.
“Por sentimiento de honradez me quedaría definitivamente por estas tierras, pero eso lo dejo para el viaje siguiente. Aquí sobra miseria de todas clases, y, desde luego, tierra para que le entierren a uno. Merece la pena seriamente.”P. Pedro Martínez Cano, s.j. (Comunidad de Jalpatagua, Guatemala)