Deseamos configurarnos con Cristo crucificado y resucitado, viviendo una espiritualidad que es contemplación en la acción. Nuestra vida consagrada es, al mismo tiempo, culto, sacrificio y liturgia viva.
Queriendo configurarnos con Cristo crucificado y resucitado, somos contemplativas en la acción, pues nuestra vida es una consagración y un culto, un sacrificio y una liturgia. Nos alimentamos diariamente del Sacrificio Eucarístico y de la oración personal.
Sin comunicación constante con Cristo, no tenemos amor ni mensaje que anunciar.
Nos nutrimos cada día de la Eucaristía y de la oración personal, fuente de nuestro amor y fuerza para anunciar el Evangelio. Espiritualidad AMICO
El ideal de los que se pierden en Cristo para ganarlos a todos.